Sobre la especialización en la música clásica, basado el pensamiento de Karl Marx

La carrera musical es una actividad profesional de carácter artística, pero ¿realmente lo es? ¿Se estudia en universidades y conservatorios una forma de expresión, un oficio, o simplemente los estudiantes son preparados para ser profesionales competentes y útiles, pero, útiles para que, o para quién? En el perfil profesional de un músico egresado, cuánto hay de materias como la filosofía, la estética, el mercado laboral, el desarrollo y gestión de proyectos, finanzas, leyes laborales, etc. Diez horas de escalas y arpegios, por diez días seguidos, te aseguran la técnica, pero, ¿aseguran un desarrollo personal integro, o una estabilidad económica? ¿En qué momento se llega a la conclusión de que se es mejor músico cuando se ejecuta un instrumento musical de forma impecable, totalmente carente de errores y de manera sistemática? Parece ser que ajustarse a una forma, a un estereotipo, es el objetivo a conseguir por parte de cualquier estudiante de música, pero, ¿a un estereotipo que obedezca a qué necesidades? ¿Que obedezca a que, o a quién? Y, ¿qué hay de los profesores? ¿El sistema educativo les propone objetivos claros? ¿Se busca enseñar a los jóvenes intérpretes a ejecutar un instrumento? ¿Y para qué?

Toda persona que tenga cierto tipo de familiarización con la actividad musical, específicamente en lo que se refiere a la música docta y académica, la que se estudia en el conservatorio, habrá experimentado, o por lo menos escuchado de las interminables rutinas de estudio que llevan a cabo los interpretes de un instrumento musical, dicho sea de paso, carreras como la interpretación en violín o en piano, tienen como duración doce o quince años aproximadamente, en donde la mayor parte de estos años se tiene solamente dos asignaturas, instrumento principal, que es básicamente, cómo ejecutar la música en el instrumento, y teoría o lenguaje musical, que es, cómo leer y decodificar la música que se va a ejecutar en el instrumento. Esto tiene un objetivo específico, es la súper especialización.

La división del trabajo y la manufactura, tratada por Karl Marx, aquella que posee el trabajador fraccionario, como explica en su libro El Capital, es quizás el concepto que permite abordar de una manera mas sincera y sensata dicho fenómeno, que obviamente, no tiene que ver con un desarrollo artístico personal, mucho menos de carácter divino o metafísico, más bien, obedece a requerimientos sistemáticos sociales que tienen más que ver con el capital industrial, que con la creatividad y la expresión musical.

Comencemos por analizar el hecho de ser músico. Se piensa que un músico, es un artista, mejor dicho, artesano y, en esencia, se está en lo correcto, ya que un artesano es quien desarrolla su propio producto, su propio capital de trabajo, que puede ser comercializado para beneficio personal, que en este caso es la música, o el producto musical. Cuando se es músico, se es dueño de este oficio como capital humano, este genera un producto, el cual, el músico puede administrar a conveniencia para satisfacer sus necesidades propias.

Bien, si se tienen en cuenta que en los conservatorios de música de estos tiempos, muy por el contrario de esos donde se formaron los más grandes músicos de la historia, las mallas curriculares –indiscutiblemente- están destinadas a formar especialistas en una actividad puntual y en particular, a costa de abandonar toda actividad personal que intervenga con la productividad musical. Por ejemplo, la división de carreras por instrumentos o actividad (carrera de intérprete en piano, en violín, en guitarra, carrera de composición, de teoría, etc.), todas son especializaciones, y lo que buscan es que los interpretes sean cada vez más expertos y competentes en su área puntual, se logra que estos sean tanto más perfectos profesionales, cuanto más incompletos sean.

En los conservatorios se promueve una educación que no es, en absoluto, libre ni creativa, si no constrictiva. Basta con analizar la finalidad de las evaluaciones a las que los alumnos son sometidos, que a su vez exigen una preparación determinada para estas, que consiste en “educar” al alumno, imponiéndole formas de pensar, sentir e interpretar la música, donde evidentemente lo que se busca es que el alumno alcance un estereotipo lo suficientemente productivo para ser útil, y ganar el suficiente dinero para sobrevivir.

El objetivo de la mayoría de los músicos egresados de las instituciones de educación superior y conservatorios, es hacerse dependientes y trabajar en una orquesta o institución cultural. Si no entraron con esa concepción del oficio de músico, se las impusieron dentro de la carrera, ya que no le enseñaron ninguna otra cosa más que a tocar un instrumento. Los perfiles profesionales obedecen a estos requerimientos del sistema, hasta algunas universidades ofrecen en sus carreras menciones y especializaciones como “músico de orquesta” o “pianista acompañante”.

Para entender esto es conveniente revisar la división de trabajo y la manufactura.

Tomemos como ejemplo lo siguiente. Donde antes, para llevar a cabo un concierto, un mismo músico se encargaba de construir o mantener físicamente su instrumento musical, componer la música, escribirla en partituras, interpretarla, gestionar y producir el concierto, hoy con la división de trabajo se tiene una persona que construye y mantiene físicamente un instrumento musical, otra persona que compone la música, otra que la trascribe, otra que la ejecuta o interpreta, y otras varias personas que gestionan y producen dicha actividad.

Marx explica la división de trabajo de la siguiente manera. En síntesis, el capitalista, para generar mayor productividad, utiliza a distintos artesanos, ahora especialistas en sus áreas, para crear una cadena de producción.

Si se detiene a pensar, puede parecer que realizar todas estas actividades es demasiado trabajo para una sola persona, probablemente tomaría mucho tiempo, y en efecto, es demasiado trabajo, más aun teniendo en cuenta que el valor de este, está relacionado directamente con el tiempo que toma generar el producto, y por el contrario, cuando uno realiza solo una de estas actividades, puede parecer un trabajo relativamente corto y sencillo. Pero el producto resultante, no varía en absoluto, en este caso, de igual forma se obtiene un “concierto de música”, que es una mercancía transable creada por los obreros que trabajaron en la producción, pero, por ser el dueño de los medios de producción, y por haber comprado la fuerza de trabajo, ahora pertenece al capitalista.

Esta incapacidad que tiene el obrero de percibir de manera real la magnitud del producto que genera es gracias a la división de trabajo. Mientras más grande sea la cadena de producción, menos conciencia tendrán los trabajadores de la magnitud del producto creado.

En el caso anterior, todas estas personas entregan su capital humano a un capitalista a cambio de un salario, ya que el dueño de la propiedad privada de los medios de producción a la cual pertenece esta cadena productiva, es el capitalista, y el músico obrero se ve en la necesidad de pertenecer a dicha cadena, ya que de no ser así, su capital de trabajo es totalmente inútil. Por ejemplo, un “músico de orquesta” necesita trabajar para una orquesta, su especialización, a la cual fue sometido durante su carrera, lo convierte en un obrero totalmente dependiente de ese trabajo, teniendo que negociar con el capitalista, quien es dueño de ese medio de producción, viéndose obligado a aceptar las condiciones de trabajo que se le imponen, por muy abusivas que sean, ya que si no se trabaja para una orquesta, ser “músico de orquesta” no sirve para nada. Esto permite al obrero asegurar su subsistencia, y por otra parte, permite al capitalista asegurar la Plusvalía.

Con esto se logra un importante incremento de la producción, pero a costa del desarrollo del trabajador, del músico en este caso, que por causa de la productividad capitalista pasa de ser un artista, a ser un simple ejecutor de una herramienta de producción (o instrumento musical).

La división de trabajo y la propiedad privada de los medios de producción, sustentan una serie de fenómenos que a continuación pasaremos a analizar.

Tomemos el siguiente ejemplo. En muchas universidades y conservatorios locales, la oferta de becas es bastante amplia, casi todas las instituciones ofrecen becas a los estudiantes, de igual manera, casi todas las becas que existen en el mercado educativo tienen como condición pertenecer a la orquesta de dicha institución, en ocasiones la beca consiste en dinero, en otras en una reducción en el arancel. Siendo sincero, y emitiendo un juicio acorde con la realidad, hay que aceptar que estas becas son una alternativa moderna que han encontrado algunas instituciones para suplantar contratos de trabajo que requieren mejores condiciones laborales y mejores salarios. La palabra “Beca” no es ni más ni menos que una coartada de los medios de producción modernos, pensados para explotar a una facción obrera que entra a el sistema de educación superior especializador, con la expectativa de emerger a una clase social superior, pero que lo único que consigue es entrar a un sistema que ha encontrado la forma de incubarlo y prepararlo para ser abusado. Basta pensar en las figura del trabajador “practicante” para que esto se torne incuestionable.

Los estudiantes, como facción obrera, comienzan su proceso de especialización dentro de las orquestas de las instituciones (las que actúan como el capitalista en el mercado de la educación), su fuerza de trabajo es entregada a la institución a cambio de una beca (no de un salario), esta beca, de igual manera que un salario, está destinada a satisfacer las necesidades mínimas requeridas para que el estudiante subsista como tal y le pueda ser útil como fuerza de trabajo a la institución, es decir, la beca le permite a la institución, entregarle al estudiante lo mínimo para que este pueda mantener su condición de estudiante y ser útil a la institución como tal.

Los bienes que producen los estudiantes no les pertenecen a ellos, les son totalmente ajenos, aunque salgan de sus propias manos, estos bienes son propiedad las instituciones. En el caso de las orquestas, las instituciones eligen al director, a los músicos, la cantidad de ensayo, los horarios de estos, el repertorio a interpretar, donde y cuando se interpretaran, mientras que los estudiantes están sometidos a tales condiciones, ya que si no las aceptan, no reciben el “beneficio” de la beca, y no pueden estudiar. Es por esto que los estudiantes que participan de estas orquestas, muchas veces se sienten desmotivados, no quieren tocar, hacen todo lo posible por faltar a ensayo y conciertos, se sienten totalmente ajenos a lo que producen, y en efecto, su producto no les pertenece. Las instituciones y los estudiantes creen que el producto del trabajo de estos últimos, le pertenece a las instituciones y estas pueden hacer con este producto lo que quieran. Claro ejemplo es que algunas instituciones destinan esta mercancía, producida por los estudiantes, a obtener beneficios específicos, sin importar las necesidades de los estudiantes, como destinar la orquesta a tocar solo música de carácter católico, a tocar para fines políticos convenientes para la institución, o a limitar a los estudiantes a acompañar exclusivamente solistas extranjeros.

Los estudiantes no producen para sí mismos, si no para las instituciones, este producto, al ser ajeno a los estudiantes, estos no pueden hacer uso de él, por ejemplo, el estudiante que toca en la orquesta, no puede llevar la orquesta a su casa, ni elegir el repertorio que se va a interpretar, por mucho que este sienta una necesidad intrínseca, ni por mucho que este incida de manera sustancial en la creación del producto, solamente la institución decide que hace con su producto, utilizándolo para su beneficio.

Para pertenecer a estas orquestas, las instituciones organizan concursos, competiciones que enfrentan a los estudiantes para ver quién es capaz de producir más y trabajar más rápidamente, muchas veces, dentro de las mismas orquestas, se otorgan becas de distinto valor a estudiantes que cumplen funciones similares, esto genera que los estudiantes se sientan ajenos a sus mismos compañeros, destruyendo valores como la cooperación natural, produciendo una sensación de soledad y generando hostilidad entre compañeros.

De la misma manera, el estudiante termina por sentirse ajeno a sí mismo, ya que la realidad que enfrenta en la institución, en la universidad o en el conservatorio está totalmente separada de la que enfrenta en su vida cotidiana, fracturándose él mismo.

Y como efecto final, los estudiantes, se encuentran ajenos a su propio potencial humano, y cada vez se realizan menos como tal, como artesanos y artistas, y quedan reducidos a maquinas ejecutoras de sonidos, se pierde la conciencia y la analítica, esto tiene como resultado, estudiantes convertidos en personas incapaces de expresar sus capacidades específicamente humanas, al final se convierten en seres totalmente ALIENADOS.

Resulta violento pensar la realidad musical de esta manera, muchos se negaran durante toda su vida a aceptarlo, pero lo cierto es que el deber natural de cualquier persona es aceptar, dudar, cuestionar y pensar.

“El hombre está condenado a ser libre; porque una vez arrojado al mundo, él es responsable de todo lo que hace” – Jean Paul Sartre

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