
Autorretrato – Oswaldo Guayasamin
Factor histórico
La llegada de Cristóbal Colón a América y todos los procesos de conquista y colonización llevados a cabo desde 1492 constituyen la génesis del problema hegemónico cultural y musical. Hacer un análisis y comprender este hecho tomaría muchísimo más que una simple columna, para lo cual cabe destacar que por medio de las armas y la religión (principalmente por la armas), la cultura europea occidental, representado por Colón y la corona española en un principio, se logró imponer como verdad absoluta, desacreditando toda expresión cultural desarrollada por los pueblos americanos llamados posteriormente precolombinos.
Entre los múltiples factores vinculados en la conquista del nuevo mundo, la historia de este juega un papel fundamental. Debemos entender la “historia” no como una historia lineal e inerte, donde las cosas sucedieron antes y después de otras como un cumulo de datos, más bien, hemos de comprender que la historia es discontinua e interrumpida, según el discurso se puede usar para validar algunos y desacreditar otros. No se trata de la historia dialéctica hegeliana o marxista, sino de una herramienta como la que reconoce Nietzsche en su Segunda consideración intempestiva, publicada en 1874. Es la historia que sucedió según el presente y que es útil para argumentar la historia en sí misma.
Es decir ¿la superioridad cultural occidental europea es validada por sí misma como una verdad dialéctica en cuanto un discurso de verdad? La respuesta es sí, porque la historia es contada por sus protagonistas, no es simplemente historia lineal, es un discurso.
La metodología descrita por Foucault en su libro La arqueología el saber, publicado en 1969, no fue pensada para descubrir ni develar saberes como verdades universales o naturales en los discursos, sino los construye como una episteme, con un sentido lógico y verdadero en tanto necesidad. El autor explica que los saberes de un discurso no son naturales, tampoco coincidentes, más bien, que tienen un propósito hegemónico.
¿En qué momento se reconoce la superioridad de los músicos europeos por sobre los americanos? Y ¿Por qué se piensa que en Europa el arte, o más específicamente la música docta, gozan de una mejor reputación y un mejor reconocimiento que en otros continentes como Sudamérica?
Principalmente, se trata de un desarrollo propio del folclor popular.
Como lo explica Marx, la acumulación de capital y la situación económica europea fueron en ascenso luego del descubrimiento y explotación del continente americano. Motivadas por los profundos aires nacionalistas que imperaban en Europa posterior a la caída del imperio romano, el arte y la cultura se instauraron como expresiones de poder para las más grandes personalidades de la época, como reyes, emperadores y políticos.
A costa de los saqueos continentales llevados a cabo por los países europeos, principalmente en África y América, sumado a la profunda desigualdad económica de los sistemas de gobierno propios de la época, se creó el caldo de cultivo para que las monarquías subvencionaran a grandes artistas en la realización de sus trabajos. Un ejemplo es la inmensurable producción de arte subvencionada por el Vaticano y los Estados Pontificios en el Quattrocento romano. El artista Michelangelo Buonarroti pinto la Cappella Sistina del Palacio Apostólico del Vaticano, no decoro el techo de un salón de cualquier amigo, ni siquiera el de su propia casa, aunque de haber tenido los medios económicos necesarios, probablemente lo hubiera hecho.
Es así como en Europa, muchos de los grandes maestros musicales de la época tuvieron los recursos necesarios, no solo para acceder a una educación completa y privilegiada, sino también, para llevar a cabo grandes obras que fueron concebidas con una fuerte mezcla de habilidad, preparación y genialidad, al mismo tiempo que con altos estándares a nivel de producción.
Tampoco es casualidad la evidente influencia de la música religiosa de la mano de compositores como J.S. Bach, entre muchos otros, el cual independiente de su vinculación a la iglesia luterana, produjo música que en gran parte es tratada con temáticas generalmente cristianas, probablemente ya reconocidas como expresiones folclóricas populares alemanas y europeas. No se conoce, hasta la fecha, alguna obra de J.S. Bach que tenga temáticas vinculadas al islam, o a culturas no europeas, por ejemplo. Es importante tomar este dato en cuenta, ya que la religión que predomina en su gran mayoría en América es la religión católica y otros derivados del cristianismo occidental. ¿La figura de J.S. Bach más allá de su grandeza técnica, también reafirma una grandeza espiritual correlativa? Es muy importante quién es aquél que articula el saber.
La música europea se presenta como un discurso colonizador y fundamentado en el progreso intelectual y espiritual. Es decir, la cultura occidental europea como verdad excluyente.
De esto deriva el dogma de que los músicos europeos son en general mejores, y que en Europa la música y el arte son de mejor calidad y mejor valorados que en otras partes de occidente, en especial en América. En palabras más sencillas, se trata de quién es más europeo. El poder como un conjunto de relaciones articulado por medio de los discursos y saberes específicos.
Cabe recordar que Foucault explica que la verdad, es lo que un determinado grupo de individuos decide que “es” y que “no es” mediante el saber, y por medio de esta verdad es que se ejerce el poder, por eso “saber es poder”.
Volviendo un poco a las consecuencias de la colonización de América, es interesante pensar ¿qué hubiera sido de la música docta americana si a un músico indígena norteamericano o de algún pueblo precolombino de Sudamérica, hubiese contado con las posibilidades que les otorgo a los músicos europeos procesos históricos como la ilustración o la revolución industrial?
La tradición
Si pensamos que la mayoría de las obras musicales producidas en Europa occidental hasta mediados del siglo XX provienen esencialmente de la tradición folclórica, como es el caso de las suites de danzas, donde encontramos Rondos y Minuets, por dar algunos ejemplos, podemos determinar que el discurso está provisto de ciertos tipos de saberes específicos propios tradicionales. Nunca una persona nacida en Sudamérica va a tener una carga cultural, y hasta genética, que pueda acercarse de modo natural a estas expresiones artísticas, porque hasta el paisaje y las condiciones climáticas son factores determinantes en el desarrollo cultural. Los villancicos son extraños si perteneces a una cultura occidental del hemisferio sur, donde la navidad es en pleno verano. Es difícil entender del todo las estaciones de Vivaldi si creciste en un lugar con otro clima distinto al de Italia. Esto último lo digo por experiencia propia, ya que nunca vi una tormenta en verano, hasta que la vi en Italia. ¿Cómo puedes interpretar un texto musical inspirado en las creencias religiosas nórdicas como El anillo de nibelungo de R. Wagner, si nunca viste una aurora boreal o nunca estuviste familiarizado con esas condiciones climáticas a las que estaban tan habituados los pueblos que adoptaron estas costumbres mitológicas? ¡Evidentemente, y sin importar nada, puedes hacer una lectura de todos modos! La libertad intelectual también reside en la incomprensibilidad de un texto, la muerte del autor lleva por consiguiente al nacimiento del lector, dice Roland Barthes, pero el juicio cualitativo de esta, en tanto discurso excluido o poco valido, seguirá siendo el mismo.
Por otra parte, Foucault en su lección El orden del discurso, ofrecida en el Collegè de France en 1970, describe como analizar los discursos y reconocer los diferentes mecanismos utilizados para ejercer el poder por medio de estos, entre los cuales, distingue mecanismos externos de exclusión de discursos, como la prohibición o el tabú, que en el caso musical que tratamos sería evidentemente el factor cultural “religioso” nativo casi exterminado durante la colonización, por dar un ejemplo. En su tesis doctoral Historia de la locura en la época clásica, publicada en 1961, describe otro mecanismo externo de exclusión, lo llama separación, distinguiendo a los locutores validos de los que no lo son, como es el caso que tratamos anteriormente con J.S. Bach. También describe como mecanismo la diferenciación, y en este punto es “el saber” el que distingue entre un discurso falso y uno verdadero. Entonces ¿Cómo poder ser un locutor valido y promover un discurso que carece en absoluto de pertenencia?
Además, Foucault describe mecanismos internos, explicando, por ejemplo, que por medio de los comentarios, los discursos son también lo que sucede al discurso mismo, lo que éste genera por medio de los individuos que dan continuidad al discurso. El autor del discurso es quien da sentido a este, así como un religioso puede hablar de religión, o un mecánico de mecánica. También describe la disciplina, que es como se produce un discurso, con que métodos y bajo qué criterios determinados. Por medio de estos métodos podemos preguntarnos ¿La educación podría ser el principal mecanismo interno, la cual juega un rol medular en la validación y continuidad del discurso? A su vez ¿También da paso a la autoexclusión? Es decir, ¿Los músicos latinoamericanos son los encargados de autoexcluirse?
En la actualidad se tiende a pensar que el progreso musical de las comunidades indígenas americanas deben tener un “desarrollo horizontal”, es decir, de un modo en que se asegure la prevalencia de los modos arcaicos, que se mantenga la escases de evolución, porque ésta se presenta como algo nocivo para las culturas ancestrales americanas, en vez de promover y permitir un “desarrollo vertical”, explorando y ampliando el abanico de posibilidades técnicas. Para el discurso, es importante que el indio se convenza que es solo un indio, y nada más.
El juego de la cultura, con sus propias reglas, todas impuestas y mesuradas.
El saber
Agrupaciones musicales europeas como la famosa Orquesta Filarmónica de Berlín, se caracterizan por abarcar prácticamente todos los estilos comprendidos dentro de la música docta, pero son mundialmente afamadas por sus interpretaciones de obras escritas por compositores europeos, especialmente alemanes. Esto no tiene nada de extraño, ya que evidentemente la carga cultural es compartida en un 100% entre los autores y los intérpretes, es una especie de linaje folclórico, y seguramente puede que se trate hasta de un linaje sanguíneo para más de algún integrante de este tipo de orquestas. El vínculo entre los generadores culturales es evidente.
Cabe destacar como ejemplo el caso de los famosos valses compuestos por los músicos vieneses de la familia Strauss, donde cuya característica principal es la manera de ejecutar la rítmica propia del vals, pero a la manera folclórica vienesa, este es el sello que corona el llamado vals vienés. Es música escrita para y por vieneses. Lo que en algún punto de la historia fueron simples juglares, ahora es una orquesta sinfónica de más de cien músicos, un desarrollo folclórico no solo horizontal, también vertical.
Luego ¿qué pueden hacer los músicos americanos, mestizos, educados bajo la tradición europea pero sin haber puesto un solo pie fuera de su continente y sin conocer para nada la cultura de los compositores que pretender interpretar, y que en evidente desventaja se atreve a participar de competiciones musicales pretendiendo ser más europeos que los nacidos en el viejo continente?
La Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela es sin duda una de las orquestas latinoamericanas de mayor renombre a nivel mundial. Al igual que todas las orquestas de esta categoría, interpretan sin mayores problemas todo tipo de repertorio comprendido como música docta. Cabe indicar que uno de los discos más influyentes de esta orquesta es el llamado Fiesta, publicado el 9 de mayo del 2008 por la discográfica Deutsche Grammaphon, en el cual interpretan música sinfónica de carácter folclórica y de compositores venezolanos y de otros países de Latinoamérica (a excepción de Bernstein, del cual tocan un Mambo), y que probablemente, es uno de los más apreciados, escuchados y exitosos, sobre todo entre el público europeo, y que de seguro los catapultó a nivel mundial.
Interpretar música docta europea a un alto nivel técnico lo han hecho desde hace muchísimos años muchas orquestas en todo el continente americano, pero interpretar música docta latinoamericana, es decir, música folclórica desarrollada de manera vertical, y llevar su nivel técnico a la altura de los grandes compositores europeos, no lo hicieron muchas orquestas con anterioridad, ni menos con este nivel de influencia.
Este disco llamado Fiesta, es quizás uno de los materiales actuales que viene a poner en evidencia que el carácter docto de la música es netamente hegemónico, y no se trata de otra cosa que de un discurso con una carga folclórica popular proyectada como dispositivo excluyente en el ejercicio colonizador, principalmente, por su carácter ajeno y desconocido. Por su puesto que esta característica funciona de modo multidireccional.
Es curioso pensar en el vínculo de la Orquesta Filarmónica de Berlín con el nacionalismo alemán, y la Orquesta Juvenil Simón Bolívar de Venezuela con el espíritu bolivariano, sobre todo cuando estamos hablando de discursos y ejercicios de poder.
Excepciones
Por otra parte, es indudable que existen múltiples ejemplos de excepciones, los músicos asiáticos podrían ser tomados como la más evidente excepción a esta teoría, pero la verdad es que esto no es del todo correcto. El continente asiático, sobre todo China, es una superpotencia mundial, también a nivel cultural. No es un continente saqueado, ni siquiera entra en la historia como un continente “descubierto”. Jamás ha sido estrangulado culturalmente por ningún otro continente, más bien, es probable que en realidad sea totalmente lo contrario. Es tal la colonización que es ejercida sobre Latinoamérica, que a ratos nos hace olvidar el calibre del progreso de Asia. Si los músicos asiáticos resultan ser a menudo mejores que los europeos, es porque tienen tal nivel de desarrollo, también técnico en materia cultural, que se permiten ser más europeos que los mismos europeos, si así lo quieren.
Otro ejemplo puede ser el alto nivel alcanzado en la actualidad por los conservatorios de Oceanía, como en el de Australia, por ejemplo. No podemos olvidar que el país del Opera House, es parte del Reino Unido, regido por la corona británica europea. Ciertamente existe una diferencia sustancial entre los países conquistados por la corona británica, la cual esta vigente en la actualidad, y los países conquistados por la corona española, desaparecida y reducida a un país que arrastra bastantes problemas. Estados Unidos a pesar de que, aparentemente, no busca explotar un discurso folclórico propio, tiene muchísima influencia y recursos económicos, por lo que no vale la pena incurrir en explicar lo evidente.
Conclusión
El ejercicio que se propone es de enmarcar el fenómeno cultural y musical que tratamos bajo estos parámetros y someterlos a análisis. Se puede concluir que la problemática no es en absoluto un tema de calidad técnica o de una condición espiritual (recordando los tiempos cuando los indios no tenían alma) y que de algún modo podría tratarse de una condición genética, pero que en ningún caso obedece a condiciones físicas o corporales, más bien, tiene que ver con la colonización cultural como discurso de exclusión y como dispositivo del ejercicio de poder. En el caso de la música docta, la resistencia a ese poder por parte de las culturas del continente americano evidentemente parece no ser suficiente.
Es iluso pensar, al menos culturalmente hablando, que el mundo es uno solo y que podemos desarrollarnos mutuamente en armonía y en la misma dirección. Pedir que movamos la olla todos juntos es fácil y conveniente para aquel que la tiene tomada por el mango.
Se trata de manejar los discursos, de validar por medio de la carga cultural patrimonial toda la mecánica argumentativa detrás de la obra. El rescate cultural no como mera resistencia, si no como emancipación del rol receptivo y pasivo en la relación de poder.
Indudablemente, es imposible mantener un equilibrio y pretender ser amo y esclavo al mismo tiempo, por lo que la única vía posible es volcar la balanza a favor de lo que somos y disponernos, esta vez, a contemplar una resistencia.